Sin embargo, se puede caer aun más bajo y bautizar la propiedad en cuestión con un nombre que:
1) le quede grande (cuando le ponen Mi Mundo y es un terrenito de cuatro por cuatro);
2) sea incompatible con la realidad (le pusieron Siempreverde y no crecen ni los yuyos);
3) esté quemado por el uso y abuso (caso Macondo, y el que no sepa qué es Macondo lo guglea *ya*);
4) resulte impronunciable porque juntaron las sílabas iniciales de los nombres de los siete hijos de la familia (Jorferlaucarmauseda);
5) sea directamente feo (y a las pruebas me remito: vean la foto que tomé en Colón y, si son guapos, vayan y pregunten dónde queda el Rancho Mechonga)...
