Sin embargo, se puede caer aun más bajo y bautizar la propiedad en cuestión con un nombre que:
1) le quede grande (cuando le ponen Mi Mundo y es un terrenito de cuatro por cuatro);
2) sea incompatible con la realidad (le pusieron Siempreverde y no crecen ni los yuyos);
3) esté quemado por el uso y abuso (caso Macondo, y el que no sepa qué es Macondo lo guglea *ya*);
4) resulte impronunciable porque juntaron las sílabas iniciales de los nombres de los siete hijos de la familia (Jorferlaucarmauseda);
5) sea directamente feo (y a las pruebas me remito: vean la foto que tomé en Colón y, si son guapos, vayan y pregunten dónde queda el Rancho Mechonga)...

2 comentarios:
Yo a ese Rancho no entro! me da miedito!
Es cierto que a objetos inanimados ponerles nombres no los hace despertar y venir saltando a tu encuentro al nombrarlos, pero aunque sea al pedo intentar dicho acto mágico, yo admito que lo hago con los autos (cara de sonrojado), todos tuvieron su nombre.
Y en cuanto a referirse a la casa por el nombre, recuerdo un caso famoso al que la llaman así.... "La Mary" (calculo que ya sabrán de quien es)
Coincido en el temor a indagar más sobre el Rancho Mechonga. Resulta intimidatorio.
Y creo que a mi covacha la bautizaré como "Strigra", que es el código de verificación que me aparece para poder poner este comentario acá. :D
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